


Hellfire Pass ('paso del fuego del infierno'), que los ingenieros conocían como Konyu Cutting, es el lugar más estremecedor y conmovedor de todo el ferrocarril. Aquí, prisioneros de guerra y trabajadores asiáticos abrieron un profundo paso en la roca maciza, en gran parte a mano, con martillos, barrenas y cestos, trabajando día y noche. El nombre procede de la imagen de los trabajadores demacrados, iluminados por antorchas, afanándose durante la noche, una escena que, según los supervivientes, parecía sacada del infierno. Muchos murieron en esas semanas, durante el llamado periodo 'Speedo', cuando se impuso un ritmo de trabajo despiadado. Hoy, un excelente museo conmemorativo financiado por el Gobierno australiano cuenta la historia con sobriedad a través de los testimonios de los supervivientes, y un sendero bien acondicionado baja por la propia trinchera, donde recorres en silencio el mismo suelo. Es un lugar para la reflexión, no para el entretenimiento: tómate tu tiempo, lee los paneles y trátalo con la seriedad que exige. Lleva calzado adecuado y agua para el sendero, que a la vuelta es cuesta arriba.
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