

En la maraña de callejuelas cubiertas a los pies del castillo, el bazar de los caldereros mantiene vivo un oficio que ha definido Antep durante siglos. Al recorrerlo oirás el repiqueteo de los martillos mientras los artesanos golpean y estañan láminas de cobre para convertirlas en cafeteras, bandejas, calderos y las ollas hondas que se usan en la cocina local. A su alrededor se extienden los demás mercados históricos, entre ellos bedestenes de piedra restaurados como el de Zincirli y el bazar de especias de Almacı, impregnados del aroma de los pistachos locales, las escamas de pimiento rojo, el zumaque, el comino y las berenjenas secas colgadas en guirnaldas. Este es el lugar para comprar un cezve martillado a mano, sacos de pistachos de Antep o especias para llevar a casa, y los precios son justos si tratas a los vendedores con cordialidad. Los caravasares históricos de los alrededores, algunos convertidos hoy en cafés con mucho ambiente, invitan a descansar con un café. Es un mercado vivo y en plena actividad, no una puesta en escena, y ahí reside precisamente su encanto.
Planifica tu viaje con Seen