

Santa Sofía de Trabzon es una joya del arte bizantino tardío, construida en el siglo XIII por Manuel I, uno de los emperadores de Trebisonda, sobre una suave elevación con vistas al mar Negro, justo al oeste del centro moderno. Mucho más pequeña que su famosa homónima de Estambul, compensa su tamaño con la calidad de su decoración: el interior y los pórticos conservan algunos de los mejores frescos medievales de toda Anatolia, vívidas escenas de los Evangelios pintadas por maestros que fusionaron la tradición bizantina con influencias orientales. Cerca se alza un campanario independiente. Tras la conquista otomana, la iglesia se convirtió en mezquita, funcionó durante un tiempo en el siglo XX como museo y desde entonces ha vuelto a ser una mezquita en activo, por lo que algunos frescos se cubren durante las oraciones. Su entorno, con jardines de césped que descienden hacia el mar, la convierte en una parada tranquila lejos del tráfico del centro.
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