


Sumela es uno de los lugares más espectaculares de Turquía: un monasterio ortodoxo griego que parece pegado a un acantilado vertical, a 300 metros sobre el boscoso valle de Altındere, en el distrito de Maçka, al sur de Trabzon. La tradición sitúa su fundación en el año 386, bajo el emperador bizantino Teodosio I, y durante siglos fue un importante lugar de peregrinación dedicado a la Virgen María, que fue creciendo hasta formar el conjunto de capillas, celdas y arcos de acueducto que ves hoy. Su corazón es la Iglesia de la Roca: sus muros y la pared del acantilado que se alza sobre ella están cubiertos de capas de frescos de distintos siglos. El monasterio fue abandonado en 1923, durante el intercambio de población, y reabrió tras años de minuciosa restauración y de trabajos de seguridad contra desprendimientos. Llegar hasta él supone una subida a pie por un bosque fresco y húmedo, mientras el edificio se va revelando entre los árboles. Ve una mañana despejada, porque a lo largo del día las nubes suelen invadir el valle y pueden tragarse por completo la vista.
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